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JESUS Ó DA VINCI |
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DEBIDO A LA CONTROVERSIA...
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EN UN TEMA QUE EN ESTE MOMENTO ESTA OCASIONANDO TANTA CONTROVERSIA, HEMOS CREIDO OPORTUNO TRATAR DE AGRUPAR LAS OPINIONES SOBRE ELLO QUE VAYAMOS ENCONTRANDO EN DIFERENTES LUGARES. LAS OPINIONES VERTIDAS NO SIGNIFICAN, INDUDABLEMENTE, QUE ESTEMOS DE ACUERDO CON ELLAS LOS EDITORES, PERO CREO QUE ES ENCESARIO QUE NO "TRAGUEMOS" CUALQUIER COSA POR MUCHA FAMA QUE OBTENGA, SI ESTA NO ES LA VERDAD
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Código Da Vinci y danbrownismo
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Código Da Vinci y
danbrownismo
El mundo está viviendo una
nueva Guerra Fría. El antiguo Telón de Acero ha
vuelto a dividir a la humanidad entre los
detractores y los seguidores del nuevo gurú Dan
Brown. Hace varias décadas el historiador
norteamericano de origen japonés, Francis Fukuyama
lo anunció a los cuatro vientos: “se ha producido el
fin de la Historia y el nacimiento del último
hombre”, Robert Langdon.
Estamos sufriendo un nuevo asalto de danbrownismo.
Pero, ¿quién es Dan Brown? Empecemos por el
principio. Dan Brown se presenta como el hijo de un
ilustre matemático y una compositora de música
sacra. Profesor de inglés y casado, ha dividido su
tiempo entre sus clases y la escritura de sus
novelas. Poco más se conoce del nuevo creador del
danbrownismo.
Pero, ¿qué es el danbrownismo? El
danbrownismo no es una teoría nueva, más bien es la
suma de varias teorías viejas puestas al alcance de
un público poco acostumbrado a cuestionarse las
cosas que lee o ve en los medios de comunicación.
El danbrownismo defiende una concepción
individualista del ser humano, en el que su héroe,
Robert Langdon, es una mezcla de erudito y hombre de
acción. Experto en simbología y conocedor de todos
“los misterios de la humanidad”, con la respuesta
precisa y un carácter atrayente. Robert Langdon
representa al humanista, que tras una fina capa de
racionalidad esconde una credulidad infantil. El
hombre postmoderno en el que el infantilismo y la
gravedad erudita se mezclan hasta formar el
superhombre cacareado por Nietzche; hasta que el
discurso del danbrownismo y el de Nietzche se
confunden en las palabras de este último: “Solo
nosotros los espíritus que nos hemos liberado
estamos en condiciones de entender lo que durante
diecinueve siglos se ha interpretado mal…La Iglesia
ha sido edificada sobre la base de una oposición
radical al evangelio…El evangelio murió en la cruz”.
La “gran mentira del cristianismo” escondida
durante siglo ha sido por fin revelada, proclama la
“nueva teoría”. El danbrownismo ha
reavivado el antiguo discurso de la Nueva Era y lo
ha extendido entre un gran público habido de
preguntas, pero con una limitada capacidad de
crítica. Los lectores, totalmente fascinados como la
propia Sophie, escuchan en el capítulo 55 del libro
la “fantástica” historia del Grial. Cuando el
profesor Sir Leigh le pregunta a Sophie qué sabe del
Nuevo Testamento, esta responde que nada. Volviendo
a representar al lector medio de la novela.
Entonces, el erudito Sir Leigh resume toda la
teología en esta escueta frase: “Todo lo que nos
hace falta saber sobre este libro, “la Biblia”,
puede resumirse con las palabras del gran doctor en
derecho canónico Martín Percy, “la Biblia no nos
llegó impuesta desde el cielo”. Entonces, la
inocente Sophie, recibe la gran revelación: “La
Biblia es un producto del hombre, querida. No de
Dios”. Ante las sorprendentes “revelaciones” de Sir
Leigh, Sophie sigue la locuaz explicación del sabio,
que le hace en dos frases la descripción de la
historia de la humanidad, la figura de Jesús y una
tesis descabellada sobre la elección de los
evangelios por medio del emperador Constantino. Pero
lo más curioso de la escena, no son las numerosas
incorrecciones históricas; lo que realmente
sorprende es la credulidad de Sophie y su pequeño
aparato crítico.
El danbrownismo mezcla ficción y realidad hasta
el punto de confundir donde empieza una y termina
otra. Sophie, que representa al lector medio,
asume toda la información y la asimila con rapidez
sin llegar nunca a cuestionarla.
La última escena es harto significativa; Langdon
cae postrado de rodillas ente María Magdalena, que
representa a la divinidad femenina perdida. El
hombre racional sucumbe ante el canto de sirena de
un nuevo paganismo. De rodillas, postrado ante
su nuevo ídolo, Langdon le rinde su último homenaje.
Mario Escobar Golderos,
licenciado en Historia, diplomado en Estudios Avanzados
por la Universidad Complutense de Madrid y director de
la revista “Nueva Historia para el Debate”.
© M. Escoba,
ProtestanteDigital.com (España) |
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Respuesta definitiva al Código Da Vinci
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Respuesta definitiva al
Código Da Vinci
UNA RESPUESTA DEFINITIVA AL
“CÓDIGO DA VINCI”, por Ben Witherington,
Publicaciones Andamio, C/ Alts Forns 68, Sót. 1º,
08038 Barcelona, 2005, 224 páginas.
En junio de 2004 escribí para esta revista
digital dos artículos en torno al libro de Dan Brown
EL CÓDIGO DA VINCI, que por entonces estaba haciendo
furor. Leí la obra de Brown dos veces. A medida que
leía tomaba notas, desarrollaba ideas, esquematizaba
temas, todo con la iintención de responder a las
barbaridades de Dan Brown. Me fue imposible. El
trabajo del día a día, en el que entre otras muchas
tareas dedico siete horas diarias a escribir, me
impidieron cumplir mis anhelos.
El tiempo es un ladrón que roba nuestras
expectativas y se las lleva hacia un mañana
desconocido. Entre mis proyectos literarios tengo
tres novelas, las tres empezadas, MARINELA BAR,
LÁGRIMAS DE UNA MORA, CRIMEN EN LA CATEDRAL, las
tres basadas en hechos reales, y otros tres libros
de ensayos sobre Antonio Machado, García Lorca y
Ortega y Gasset. Quién sabe si algún día, cuando me
jubile, pueda retomar la redacción de estos libros
en germen.
Otros han materializado lo que en mi sólo eran
intenciones y ahora nos llega un magnífico libro
escrito por un erudito de apellido muy largo:
Witherington. Tal vez la única pega que se le pueda
poner está en el título: UNA RESPUESTA DEFINITIVA.
Yo no me habría atrevido a tanto. Doscientas
veinticuatro páginas de texto no son suficientes
para responder a las salvajadas históricas y
caprichosas interpretaciones de la Biblia que se
permite Dan Brown. Creo que César Vidal, en el
prólogo que escribe, lo ve también así. Dice que el
autor “no se ha dedicado a refutar uno por uno todos
los errores fácticos que contiene el libro”.
Exacto. Es posible que sigan otros libros en la
misma línea que el de Witherington.
Hecha esta observación, digo que el autor ha
escrito una obra que a mi me parece genial, bien
argumentada, bien razonada, desbaratando con
fundamento todas las fábulas que se leen en EL
CÓDIGO DA VINCI.
El libro de Ben Witherington está dividido en
tres partes. Una dedicada a la figura de María
Magdalena, de quien acaba de escribir un libro
el corresponsal del diario EL PAÍS en Brasil, Juan
Arias, que dejó la sotana sacerdotal para contraer
matrimonio con su enamorada. La segunda parte
trata del canon de las Sagradas Escrituras,
demostrando sin dejar lugar a la duda que los 27
libros del Nuevo Testamento dicen la verdad y
contienen la verdad inspirada.
Creo que una de las partes más interesantes del
libro es la que refuta los siete errores que el
autor encuentra en EL CÓDIGO DA VINCI. Lástima
que a este tema sólo dedique ocho páginas, porque la
impugnación de cada uno de esos errores exige, como
mínimo, un capítulo entero.
La refutación del primer error tiene que ver
con la canonicidad de los Evangelios. Dan Brown
sostiene que los cuatro Evangelios que tenemos en el
Nuevo Testamento proceden del siglo II. Witherington
responde: “No conozco a ningún estudioso del tema,
independientemente de su orientación religiosa, que
crea que los Evangelios canónicos fueran escritos
después de la segunda mitad del siglo I o,
probablemente, en el caso de Juan, los primeros años
del siglo II”.
Dice EL CÓDIGO DA VINCI que Jesús fue un gran
hombre o profeta a quien se le declaró Dios en el
siglo IV, en el Concilio de Nicea. “Esto es
claramente falso- escribe nuestro autor-. A Jesús se
le llama Dios unas siete veces en el Nuevo
Testamento y se le llama Señor, en sentido divino,
en numerosas ocasiones”.
Tercer error: Fue el emperador Constantino
quien impuso en la Iglesia los Evangelios canónicos
y la doctrina de la divinidad de Cristo, dice Brown.
Mentira, contesta Witherington. Los cuatro
Evangelios y las epístolas de Pablo fueron
reconocidos como palabra sagrada mucho antes de que
naciera Constantino.
No podía faltar la alusión a María Magdalena,
de la que EL CÓDIGO DA VINCI dice alegremente que
estuvo casada con Jesús. Libros posteriores al
CÓDIGO corrigen a su autor y afirman que con quien
realmente contrajo matrimonio Jesús fue con María,
hermana de Marta y Lázaro. Witherington responde con
brevedad a un tema que está reclamando una obra de
muchas páginas. Se limita a señalar que el Nuevo
Testamento no dice nada al respecto ni respalda
semejante idea que raya en la blasfemia.
Insiste EL CÓDIGO DA VINCI en que, al ser Jesús un
auténtico judío y haber alcanzado la edad de treinta
años, se imponía que estuviera casado. Es el
quinto error que rebate Ben Witherington. Afirma
y prueba que en el judaísmo original había muchas
excepciones a esta regla.
A Dan Brown se le ocurre escribir en su libro
truculento que los Manuscritos del Mar Muerto
son los textos cristianos más antiguos. Witherington
reacciona con enfado y afirma que “esto es tan falso
que constituye un error garrafal de primera
categoría”.
Al señalar el séptimo error en EL CÓDIGO DA
VINCI, el autor del libro que estoy comentando
analiza los desatinos históricos, teológicos y
filosóficos que contiene la desdichada obra de Dan
Brown.
La Editorial Andamio se ha esmerado en la
elaboración de la obra, eligiendo papel y tipo de
letra que invitan a la lectura. El precio de venta
es relativamente barato. Se trata de una obra
que, como el apretón de manos, debería pasar de un
individuo a otro. El libro lo merece.
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Jesús y El Código da Vinci
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Jesús y El Código da Vinci
Esta semana se estrena la película
sobre El Código da Vinci. Su éxito ha
desbordado ya los límites de su dudoso valor literario, para
convertirse en un auténtico fenómeno sociológico y
religioso, puesto que llama de nuevo la atención sobre la
figura de Jesús. ¿Qué fascinación produce todavía Jesús, en
una sociedad tan secularizada como la nuestra?, ¿por qué
sigue siendo un misterio para muchos?, ¿o es que hay alguna
verdad detrás de todas estas extrañas historias?
El Código da Vinci es la historia de cómo un profesor
de Harvard, Robert Langdon, y una experta en criptología de
la policía francesa, Sophie Neveau, aúnan sus fuerzas tras
un misterioso crimen cometido en el Museo del Louvre, para
buscar una vez más el secreto del Santo Grial, que ya no se
trata de la copa de la Última Cena de algunas sagas
artúricas, sino de María Magdalena (“la mujer a quién
Jesús había encomendado la tarea de fundar la Iglesia” y por
la “que Cristo había tenido descendencia”, pág. 271). Esto
no sólo acaba con “cualquier idea de divinidad asociada a
él”, sino que da lugar a una organización secreta llamado el
Priorato de Sión, que mantiene su descendencia y
sigue venerando a una diosa madre por medio de una serie de
ritos sexuales, como los antiguos cultos paganos de
fertilidad.
Esta sociedad no ha existido nunca. Aparece por primera vez
en un libro publicado en inglés en 1982 por los autores de
El enigma de lo sagrado (1987), Michael Baigent,
Henry Lincoln y Richard Leigh. Esta obra mantiene la
peregrina idea de que todavía hay en Europa descendientes en
la carne de Jesús, relacionados nada menos que con la casa
real francesa de los merovingios. Pero ¿cómo se puede probar
semejante árbol genealógico? Para Dan Brown, esto no importa
tanto, ya que “tampoco se puede demostrar la autenticidad de
la Biblia” (pág. 273). Aunque el escritor de El Código Da
Vinci cree que tiene que haber documentos “no
manipulados”, anteriores a Constantino, que muestren que
“los primeros seguidores de Jesús lo reverenciaban en tanto
que maestro y profeta humano” (pág. 273).
Porque según esta novela, Jesús puede ser cualquier cosa,
menos Dios. Esto lo confirmaría además el pretendido
documento Q, ¡que Brown está tan bien informado, que piensa
que “supuestamente, se trata de un libro con las enseñanzas
de Jesús escritas tal vez de su puño y letra”!. Ante la
sorpresa de Sophie al oir que puede haber “escritos del
propio Cristo”, ese gran especialista que pretender ser
Teabing, le pregunta: “¿Por qué no podría Jesús haber
llevado un registro de su Ministerio? En aquellos tiempos
casi todo el mundo lo hacía”. ¡Hasta ese punto llega la
ignorancia del autor!
¿SON FIABLES LOS EVANGELIOS?"
Cualquiera que sepa algo de Historia antigua, sabe que la
comunicación en los días de Jesús era básicamente oral.
La información funcionaba entonces de boca a boca, gracias a
la concentración y buena memoria de los discípulos de
cualquier maestro. La enseñanza oral era considerada
entonces incluso como algo más importante que la escrita.
Pero ¿cómo pueden ser entonces fiables los documentos del
Nuevo Testamento? Bueno, en principio, son tan fiables como
cualquier otro documento de la antigüedad. En primer lugar
porque se trata de testimonios contemporáneos, ya que no hay
ningún estudioso que feche los cuatro Evangelios más allá
del año 100, después de Cristo.
El problema para Brown es que “la Biblia moderna ha sido
compilada y editada por hombres que tenían motivaciones
políticas”. Pero ¿cuáles son estas motivaciones? Sobre todo
“proclamar la divinidad de un hombre, Jesucristo, y usar la
influencia de Jesús para fortalecer su poder” (p. 252). Eso
es tan evidente para el autor de El Código da Vinci,
que hasta “el clero moderno está convencido de que esos
documentos son falsos testimonios”. Por lo que “casi todo lo
que nos han enseñado nuestros padres sobre Jesús es falso”.
Esto lo sabemos, según Brown, porque hay otros Evangelios
además de los que están en la Biblia. Pero ¿cuáles son
estos Evangelios?
Siempre ha habido Evangelios que la Iglesia ha
considerado como apócrifos, pero la mayoría eran muy
posteriores a los cuatro Evangelios. Tratan generalmente
sobre su infancia y cuentan historias sobre milagros que
Jesús pudo hacer de niño, que aparecen con frecuencia en la
Historia del Arte. Hay otras muchas historias extrañas sobre
Jesús que vienen de movimientos esotéricos del siglo XIX,
como el Evangelio de Acuario del teólogo francés
católico convertido al espiritismo Eliphas Leví o el libro
del periodista ruso Nicalai Notovich sobre los llamados años
perdidos de Jesús en el Tibet. Todos ellos pasan por alto el
hecho de la Cruz, para imaginar supuestos viajes por
diferentes lugares de Oriente, muriendo finalmente en algún
lugar de la India, pero obviamente no hay ninguna base
histórica para ellos. Muchos de ellos son de hecho
comunicaciones espiritistas, como el mito de Urantia,
nacido en círculos adventistas de Chicago en los años
veinte, que plagia finalmente Benítez en El Caballo de
Troya.
Pero ¿no hay otros Evangelios más antiguos? Ya que
Brown no se refiere a ninguno de éstos. ¿Dónde están
“algunos de los Evangelios que Constantino pretendió
erradicar y se salvaron” (p. 251), según la novela? El
personaje del libro parece pensar en Qumrán y Nag Hammadi.
El problema es que los manuscritos del Mar Muerto no tienen
más cita sobre Jesús que el supuesto fragmento del
Evangelio de Marcos, que lo que haría es
demostrar aún más su antigüedad. Y los llamados
evangelios gnósticos, que se encontraron en Egipto no
sólo no cuentan “la verdadera historia del Grial”, sino que
tampoco “hablan del ministerio de Cristo en términos muy
humanos”, porque son precisamente eso, textos gnósticos, por
lo tanto bastante espiritualistas. La mayor parte de ellos
son además colecciones de citas de los Evangelios que
ya conocemos.
¿FALTA DE EVIDENCIAS?"
Por lo que no nos engañemos, nuestro problema para
aceptar la verdad del cristianismo no es realidad falta de
información. Ya que en el fondo, no es una cuestión
intelectual, como si simplemente nos faltarán datos para
poder aceptar las evidencias sobre la verdad de Cristo. En
realidad es un problema moral y espiritual. Karl Popper
decía ya en 1969 que “la teoría social de la conspiración es
una consecuencia de la falta de Dios como punto de
referencia y de la consiguiente pregunta: ¿quién lo ha
reemplazado?”. Cuando dejamos de creer, inevitablemente
tenemos que seguir creyendo en algo o alguien, sea la Madre
Naturaleza o aquello para lo que vivo, ya que como diría Bob
Dylan, “todos tenemos que servir a alguien”.
Es por eso que bíblicamente, en realidad el no creyente no
existe. O crees en el Dios verdadero, o sirves a un ídolo.
No hay otra opción posible. Así que si no aceptamos los
Evangelios es sencillamente porque no queremos. Preferimos
ver a Jesús como a nosotros nos guste. Alguien que hable
de amor y paz, sí, pero que no nos diga cómo tenemos que
vivir. En todo caso que nos lo muestre como ejemplo. El
problema es que el cristianismo, a diferencia de tantas
otras religiones, no se basa en unas ideas éticas o
espirituales, cuya enseñanza podamos seguir
independientemente de la historia y la vida de su fundador.
Está claro que para el budista, lo importante no es Buda,
sino el camino que él mostró. Pero el cristianismo es
Cristo.
El cristianismo es diferente a cualquier otra religión,
porque se trata de la relación con una persona. Pero para
conocer a Jesús, tienes que leer los Evangelios. No hay otra
forma de acercarse a él. Puedes imaginarlo de otra
manera, pero ese no es el Jesús de la fe, que podamos
contraponer al Jesús histórico, sino que no es más
que el Jesús de nuestra imaginación. La fe cristiana en
ese sentido es una fe histórica, no porque tenga veinte
siglos, sino porque depende de la Historia. Y aunque a
algunos les resulte difícil de creer, “los autores antiguos
a veces quieren decir lo que dicen, y en ocasiones hasta
saben de lo que hablan”...
© J. de Segovia.
ProtestanteDigital.com (España, 2006) |
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Los sí y los no de "El Código Da Vinci"
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Los sí y los
no de "El Código Da Vinci"
Luego
de una promocionadísima campaña de
marketing, alimentada por las encendidas
manifestaciones en contra de su estreno,
mañana llega a nuestro país, y a buena parte
del planeta, "El código Da Vinci", la
película basada en el best seller de Dan
Brown y dirigida por Ron Howard.
En coincidencia con la
premiere mundial en el Festival de Cannes,
ya se conocen muchas críticas , fulminantes
en su mayoría, de la prensa especializada de
diversos países. LANACION.com asistió a la
función privada que la distribuidora local
realizó en el día de hoy y en esta nota se
analizan algunos aspectos del film que, ante
todo, es una película de ficción.
Relato
comprimido . Llevar a la pantalla
grande la novela de Dan Brown fue un trabajo
difícil. Sobre todo si se trata de una texto
que alcanza las 500 páginas. En la película
de Howard se nota que la complejidad del
relato puede abrumar al espectador que,
promediando las dos horas de proyección,
puede sentirse abrumado con tantas idas y
venidas en una historia que, si bien resulta
lineal, está salpicada de referencias
históricas.
Parte de la
religión. Cierto es que los puntos
esenciales que plantea el libro y el guión
resultan más que sensibles para la fe
cristiana: que Jesús alcanza su figura
divina a través de un consenso histórico;
que mantuvo una relación amorosa con María
Magdalena, de cuya unión surgió una
descendencia que llega a nuestros días, y
que la Iglesia originalmente estaría fundada
en este personaje femenino y no en San
Pedro. Sin embargo, la película de Howard
está estructurada como un mero relato de
ficción y que, como tal, tiene como objetivo
entretener al público masivo.
Los bueno y
los malos . El planteo maniqueísta
de los personajes resulta uno de los
costados más débiles de la producción. Aquí
los que deberían ser buenos (los
representantes de la Iglesia) resultan ser
muy malos (Silas, el monje albino
interpretado por Paul Bettany o Aringarosa,
el obispo del Opuse Dei interpretado por
Alfred Molina, resultan estereotipados y sin
matices. Por su parte, los ateos del caso,
Sophie (Audry Tatou) encarnan las buenas
intenciones que brotan de un corazón
incorrupto. Así las cosas, el planteo se
pierde en pinceladas un tanto gruesas.
Buena mano.
A pesar de ciertas debilidades
narrativas del guión, Ron Howard vuelve a
demostrar sus capacidades como director. Aun
en las escenas en las que se espera un golpe
de efecto (vale decir que en esta película
no hay persecuciones, ni tiros, ni saltos
del espectador en su butaca), Howard imprime
ciertas dosis de tensión apoyadas en una
efectiva banda sonora (Hans Zimmer, creador
de la música de "El rey león" y "Gladiador",
entre otras) y en una lograda fotografía (Salvatore
Totino).
El elenco.
Una de las apuestas de esta superproducción
de 125 millones de dólares es el casting de
grandes figuras, listas para seducir a los
espectadores. En los papels principales, Tom
Hanks le pone su acostumbrado oficio al
papel de Robert Lagdon pero es Audrey Tautou
(Sophie Neveu) quien parece perdida en la
cinta, un tanto por su inglés afrancesado
como por su falta de carisma en uno de los
roles centrales de la trama. Sin embargo,
quien se lleva las palmas es Ian Mckellan
(Sir Leigh Teabing), un actor que dio
sobradas muestras de sus capacidades para
enriquecer cualquier trabajo que pase por
sus manos y uno termina por creerle todo lo
que propone.
Sin
pretensiones. Si bien "El código Da
Vinci" es una de las películas más
promocionadas de los últimos tiempos seguro
es que no quedará en el registro de las
mejores películas de la historia ni en la
memoria emotiva de los espectadores. Pero de
lo que no quedan dudas es que, más allá de
ciertas licencias que puedan tomarse, la
película cumple con el objetivo de
entretener a quien se acerque al cine sin
pretensiones. |
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